La selección española es la Nochebuena del fútbol, la mesa en la que los madridistas coincidimos con algunos de los que no defienden nuestros colores el resto del año, aquellos que, como escribió Jabois, renunciaron voluntariamente a la felicidad. La selección, como la Nochebuena, está en otra esfera, está vinculada al nacimiento y no a la elección, sin que ello signifique que sea mejor lo que viene impuesto que lo que se elige; simplemente, son cosas distintas.
El fútbol de selecciones, en su esencia, está impregnado del espíritu navideño: jugadores de diferentes equipos se juntan para luchar por un objetivo común y los aficionados cambian el golpe en la mesa por el grito del gol cuando marca un futbolista del eterno rival. Por eso, me siento extrañado cada vez que veo a madridistas españoles renunciar a este sentimiento de unión con el prójimo, como si no fueran capaces de soltar las armas ni un momento, cuando hasta en la I Guerra Mundial se dieron una tregua por Navidad.
Es cierto que las selecciones nacionales han saturado aún más un fútbol exprimido y que deberían desaparecer los parones en mitad de la temporada para jugarse todos los compromisos entre selecciones al final de la misma, para evitar que los infortunios con los combinados nacionales tengan repercusión en los clubes que pagan millonadas a los futbolistas, pero deberían promoverse reformas y no la destrucción del fútbol de selecciones, que se vuelve especialmente precioso cuando llegan el Mundial y la Eurocopa.
También he escuchado a muchos madridistas decir que no se sienten representados por Luis Enrique y que, por ello, no apoyarán a la selección en el Mundial. Busquemos la respuesta en el Madrid: todos hemos tenido entrenadores o jugadores a los que no soportábamos y no por eso se nos ha pasado por la cabeza desear ver a nuestro equipo perder. Que un antimadridista declarado triunfe con la selección puede hacer felices a muchos aficionados madridistas: es la magia de la Navidad.
La selección es la familia que te toca, aunque la elija Luis Enrique
Hay gente para la que la selección era un utensilio de usar y tirar una vez que la ha visto ganar. Conseguido el objetivo que creía imposible (ver a España campeona del mundo), la considera amortizada e inservible para el futuro: es el miedo a no volver a ser tan felices como lo fuimos en el pasado. Siguiendo este razonamiento, no habría vida después de la infancia. También hay madridistas que consideran que esta selección, al no contar apenas con jugadores del Real Madrid, no merece contar con su apoyo, olvidando que la grandeza del Madrid, como sus jugadores, es universal, y que la selección es la familia que te toca, aunque la elija Luis Enrique.
La selección son los abrazos prohibidos el resto del año. Todos tenemos a seres queridos aficionados de otros equipos, incluso antimadridistas, con los que durante el próximo mes tendremos la oportunidad de compartir celebraciones que normalmente están bifurcadas. El fútbol de selecciones permite cenar con el enemigo, como la Nochebuena.
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