Diciembre siempre ha sido un mes especial. Desde los romanos. Hasta que añadieron enero y febrero (según la tradición, el rey Numa Pompilio), el calendario comenzaba en marzo, y por ello diciembre justifica su nombre: proviene de decem, diez. Luego, digamos que nuestros antepasados estuvieron algo perezosos y ya no lo modificaron, aunque pasara a ser el duodécimo mes del almanaque. Pero lo que de verdad engarza esta historieta de romanos con nuestro Real Madrid es la celebración que festejaban por estas fechas, las Saturnales, origen de nuestra Navidad.
Más allá de mitos y leyendas (y es que cuando no estaban batallando, los romanos se lo montaban muy bien), estos festejos se basaban en un elemento que comparten las míticas remontadas del Real Madrid: todo se daba la vuelta (los esclavos disfrutaban como libertos por unos días) y cualquier cosa era posible. Así, no es de extrañar que en este mes los blancos protagonizaran dos de los partidos más icónicos y contrarios al más mínimo sentido de la razón: la remontada contra el Anderlecht y la propia frente al Borussia.
En diciembre, el Madrid protagonizó dos de los partidos más icónicos y contrarios al más mínimo sentido de la razón: la remontada contra el Anderlecht y la propia frente al Borussia
Por seguir el orden cronológico, la de los belgas supuso el nacimiento del miedo escénico, ese fenómeno de la naturaleza blanca que insufla una fuerza sobrenatural al Madrid y paraliza a rivales que hasta entonces parecían gigantes. El 12 de diciembre de 1984 se requerían al menos cuatro goles para superar los octavos de final de la Copa de la UEFA. Misión imposible sin la fe del ADN madridista. Pero con Camacho, Juanito y Santillana en tus filas era imposible no creer. Esos tenían más convicción que medio santoral. Y así fue. Tras una exhibición que resultó la consagración internacional de Butragueño, el Madrid de Amancio endosó un 6-1 de época con un Bernabéu incandescente.
Un año después, el Borussia de Mönchengladbach, muy temible por aquel entonces (lo entrenaba Heynckes) ganó a los blancos nada menos que por 5-1 en el partido de ida de octavos de la UEFA. El ridículo fue mayúsculo y creer en la remontada un ejercicio propio de cualquiera en disposición de necesitar ayuda psicológica. Pero, una vez más, el Madrid demostraría su gusto por bailar sobre el precipicio, por burlarse del peligro y sortear el miedo. En el Bernabéu, como en las Saturnales, todo iba a ser posible un 11 de diciembre de 1985. Fue un partido eléctrico y de viejos rockeros, con dobletes de Valdano y Santillana. “Yo estaba en las antípodas de Juanito, pero ese día interioricé el Bernabéu”, declaró el argentino sobre aquel encuentro.
Una de las principales características de los antiguos romanos era el respeto por las tradiciones. Concebían su personalidad como civilización como un cúmulo de valores de cuyo sostenimiento dependía de su fuerza y superioridad. Historia que tú hiciste, historia por hacer. ¿Les suena?
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Y ya que hablamos de IMPERIOS , Valdebebas ha de ser un centro provisto de todo lo mejor y necesario para que las niñas y niños que formen parte de las categorías inferiores del club interioricen lo que significa ser del Real Madrid. La cultura Real Madrid. La ciudad deportiva ,ampliada y mejorada, dotada con los recursos humanos para que la imperiosa y compulsiva necesidad de ganar-ganar-y volver a ganar , acompañada por otras virtudes como el respeto y el compañerismo, sea aprehendida por los deportistas del club. La Fundación Real
Madrid me parece algo a lo que su presidente actual concede mucha importancia. Y está relacionada con la inculcación de valores humanistas compatibles con esa ambición deportiva y con la excelencia. El madridista ,solo por serlo, esta obligado a luchar y mejorar a diario. Hasta el final...